MANIFIESTO DE EMILIANO ZAPATA AL PUEBLO MEXICANO
SOBRE LA CRIMINAL AMBICIÓN DE
VENUSTIANO CARRANZA
Cuartel General en
Tlaltizapán, Enero 1, 1919

Ejército Libertador de la República Mexicana.-
Cuartel General.

MANIFIESTO AL PUEBLO MEXICANO

La criminal ambición de Venustiano Carranza sigue dando sus frutos. Como si no bastasen las dificultades ya existentes, nuevos y muy grandes conflictos amenazan a la República, así en lo interior como desde el punto de vista internacional.

Intransigente y exclusivista para las cuestiones interiores, pérfido y falaz en su política extranjera; lleno de dobleces y de hipocrecías; en todo falso, para todos desleal; ha concluido Carranza por atraerse el odio de todos sus compatriotas, aun de los que en un principio lo apoyaron; así como los rencores y las animosidades de las naciones extrañas.

Su política se ha caracterizado por el más insolente suficientismo; y por la sistemática exclusión de todo grupo, de toda personalidad que no estuviesen prontos a servirle de instrumentos para sus tortuosos designios.

Desde que en 1914 desconoció a la Convención Revolucionaria que el mismo convocara; desde entonces con sin igual audacia consagró la afirmación de su personalidad por encima del interés revolucionario y de las exigencias nacionales; desde esa época para acá, sus tendencias autocráticas y exclusivistas han ido acentuándose en progresión escandalosa.

Declaró fuera de la ley a todos sus adversarios, privó del voto activo y pasivo en las elecciones, no sólo al elemento reaccionario, sino también a cuantos hubiesen servido a la Convención, al villismo o la Revolución del Sur. Quiso gobernar, no con la opinión pública, no con la voluntad popular, sino sólo con su grupo, y no conforme con esto, después y gradualmente, ha ido reduciendo y estrechando el propio círculo de sus partidarios y de sus amigos.

Incontables son los revolucionarios que se han ido separando de Carranza, convencidos de su falsía y de su traición a la Revolución. Muchos son los que han tomado las armas, siguiendo el ejemplo de Francisco Coss, Luis y Eulalio Gutiérrez, Luis Caballero, Eugenio Gómez y tantos otros jefes que, indignados por los procedimientos de Carranza, se han rebelado contra él.

Pero hay algo más, como si todos estos hechos no hablaran ya por si solos con sobrada elocuencia, Carranza se ha empeñado en ahondar el abismo abierto entre él y la opinión genuinamente revolucionaria. Todavía están frescos en la memoria de todos, aquellos debates del Congreso carrancista, durante los cuales la oposición, representada por el Partido Liberal Constitucionalista, trató de poner coto a los atentados de Carranza y obligar a éste a que encaminara sus pasos en el sentido de las reformas anheladas por el pueblo.

Bien de manifiesto se puso la obstinación de Carranza, que lejos de atender a los dictados de la opinión revolucionaria, declaró guerra; a muerte al grupo oposicionista, lo atacó implacablemente por medio de sus periódicos y consiguió al fin que el partido Liberal Constitucionalista le volteara la espalda y renunciasen sus miembros a todo empeño de enderezar la torpísima obra gubernativa.

Hoy los miembros de ese partido están proscriptos, sus candidaturas para el Congreso fueron en todas partes aplastadas por la consigna oficial y la llamada representación popular se reduce hoy a un confuso y anodino conglomerado de amigos incondicionales del dictador.

Con ellos cuenta Carranza para completar su obra de ambición y de altanero engreimiento. Está reformando a su gusto la novísima Constitución de 1917, apenas acabada de expedir. De ella está quitando todo lo que le desagrada o lo que no le conviene, y de seguir así las cosas, un código que tuvo visos de radicalismo, quedará reducido al conjunto de preceptos que sirvan para fundamentar la autocracia y el reaccionarismo de Carranza.

Ya propuso éste que se limitara a los trabajadores el derecho de huelga. Ya propuso también que en lo sucesivo sea ley todo proyecto que no sea discutido por las Cámaras en el plazo perentorio que a él le plugo fijar....

Con éstas y futuras innovaciones, hechas por el simple antojo de Carranza, ¿qué quedará del tan traido y llevado Código de 1917?

Así es como Carranza se aisla, así es como se distancia cada vez más de la opinión y se aleja más cada día de los que fueron sus partidarios.

En vez de buscar un arreglo con las facciones opuestas, con los partidos de oposición o con los grupos militares que profesan opiniones diversas de las suyas, a todos ellos los rechaza y los repudia de plano.

Sólo él sabe pensar, sólo él tiene el don de acertar, sólo él sabe como se deben resolver el problema agrario, el problema obrero, el problema político y las cuestiones internacionales.

Para él no existen partidos, ni otras facciones, ni centro alguno intelectual o núcleo cualquiera de opinión que deban ser escuchados. Lo que él dice es la verdad suprema, y lo que él resuelve debe imperar sobre todos los intereses, sobre todos los partidos, sobre todas las convicciones de los ciudadanos de la República.

Con ese criterio pedantesco y exclusivista ha logrado producir la ruina del país; y con él igualmente ha desquisiado la posición de México ante las potencias extranjeras.

Ha querido ser intransigente contra la justicia, la razón y el derecho representados por la causa de los aliados, y ya vemos hasta donde lo ha conducido ese prurito de ser en todo arrogante y del todo maquiavélico.

Protegió los intereses del kaiserismo, llamándose neutral; amparó a los agentes del espionaje teutón, puso bajo el control alemán todas las instalaciones radiotelegráficas del país, desató contra los aliados una furiosa propaganda periodística, recibió fuertes préstamos de casas alemanas, y para completar su obra ha querido y quiere caldear el espíritu público, excitar a la opinión del país contra nuestros poderosos vecinos del norte, con lo que no ha hecho otra cosa que imitar a su antesesor Victoriano Huerta, y repetir la maniobra puesta en práctica por éste, cuando vió en peligro, tambalearse el poderío.

¡Así ha observado Carranza la neutralidad y así ha cumplido imperiosos altos deberes internacionales, en el más grande de los conflictos que recuerda la historial

En este conflicto, Carranza abiertamente se puso del lado contra el derecho, de parte del imperialismo, contra la democracia, a favor del gobierno militar contra las libertades populares. Apoyó al Kaiser que representaba el pasado, que simbolizaba jerarquías aristocráticas y los partidos vetustos, que constituían una amenaza para las libertades de Europa y del mundo. Mintiendo neutralidad conspiró contra la justicia, en unión de ese hombre que fue el azote de su propio pueblo, de ese gran pueblo tan diverso de sus tiranizadores, que supo sacudir el yugo del megalómano insufrible, tan pronto como se le presentó ocasión para ello, y que con su rebeldía y con sus hechos está demostrando que no confunde a su patria, a la patria de sus antepasados, con mezquina y proterva personalidad del que por algún tiempo logra imponerse con el más insolente de los monarcas y el más intolerable de los amos.

La obstrucción de Carranza a los propósitos y a los intereses de las potencias aliadas, se ha revelado en todos sus actos. Atentó contra el capital francés y el británico, saqueando impúdicamente los bancos fundados con dinero de los nacionales de esos países. En materia de petróleo, dictó leyes elaboradas de acuerdo con el Ministro alemán, por medio de las cuales se intentó privar de esta indispensable materia prima a las industrias y a las escuadras de Inglaterra y sus aliadas.

Si después de ésto, surgen conflictos y se suscitan dificultades para nuestro país, nadie sino Carranza será el gran culpable. Como tal lo denunciamos desde ahora, ante la Nación y ante la Historia. Como tal tendrá que responder él y sólo él, de sus intrigas, de sus falsedades, de sus dobleces y de sus felonías. Cuando así se ven comprometidos por la maldad de un hombre los intereses

de toda una nacionalidad, cuando así peligra el fuero de la patria mexicana, urge estar prevenidos contra el pérfido gobernante que indignamente ha abusado de su investidura.

A todos los revolucionarios honrados, a todos los mexicanos dignos, dando desde ahora la voz de alerta. Hoy más que nunca hay que unirnos contra el causante de las desgracias nacionales; hoy como nunca, precisa poner término a la situación vergonzosa, en la cual el capricho de un hombre se substituye a la voluntad de todos los mexicanos.

Derrocado el tirano, seremos otra vez dueños de nuestros destinos y podremos asumir ante el mundo las responsabilidades que realmente nos correspondan; no las que ha querido arrojar sobre nosotros un usurpador que jamás ha representado a la República y si sólo a los intereses de la camarilla.

La gravedad del actual momento histórico exige, por lo mismo, que todos los revolucionarios conscientes observemos una conducta serena y reposada, que no nos dejemos sorprender por las interesadas mentiras de la prensa oficial y que obrando en todo con la prudencia y la entereza que el bien de la República clama, sepamos conservar la cohesión y la unidad de criterio que nos permita afrontar cualquiera situación que sobrevenga por difícil que ella sea.

Que caiga el intrigante y el perverso para así mañana podernos presentar ante los países cultos, sin el rubor en la frente y con la plena conciencia de nuestra rectitud justiciera.

REFORMA, LIBERTAD, JUSTICIA Y LEY.

Cuartel General en Tlaltizapán, Mor, 1o. de enero de 1919. El General en jefe,

Emiliano Zapata.

 

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Fuente:

    Laura Espejel, Alicia Olivera y Salvador Rueda. Emiliano Zapata. Antología. Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana (INEHRM), México, 1988.
    P. 432-435 (Fuente:
    AGN, Fondo Genovevo de la O, Caja 19, Exp. 9, f. 1.)